Vamos allá. Pensemos en uno de ésos países con excesos de capitales. Ese país tendrá que tener cuidado donde invierte, pues le va mucho el futuro de sus ciudadanos, ya que más tarde o más pronto el petróleo se acabará. Puede invertir en propiedades, pero normalmente se interesarán inversiones que aúnen liquidez (facilidad para volver a recuperar el dinero efectivo) y rentabilidad. Por otro lado hay muchos que necesitan dinero y que están dispuestos a pagar un interés por él: estados, gobiernos locales, empresas privadas y públicas, organismos,...etc. Como desde el principio de los tiempos: hay quien tiene el dinero y otros que les falta, pero está claro que el riesgo lo corre el prestamista. Pues bien, el prestamista tiene que asegurarse en primer lugar de que se lo devolverán. Como éste no conoce a todo el mundo, parte del sistema financiero internacional se ha especializado en intermediar entre uno y otro. Por un lado localiza a los prestamistas, por el otro localiza y evalúa a los prestatarios, a cambio de una módica comisión. Su labor en definitiva es facilitar información sobre la solvencia y riesgo del prestatario, para que el prestamista elija la combinación entre rentabilidad y riesgo que desee. Normalmente, a más rentabilidad más riesgo.
En el 2008 se descubrió que inversiones por cientos de miles de millones de dólares se habían realizado con una información falsa. Se habían realizado inversiones con un riesgo mucho mayor que el declarado formalmente por los intermediarios (bancos, agencias de rating,...etc.) y que muchas de ellas nunca se recuperarían, pues los intermediarios no sólo no habían dado la información correcta, sino que la habían tergiversado deliberadamente. Habían engañado por codicia. Eran puros y simples fraudes.Y el asunto era todavía peor, pues esas malas inversiones se habían unido a otras buenas, para ocultarlas y se habían vendido a todo tipo de inversores y países de todo el mundo. Hasta tal punto era el engaño que nadie sabía su tamaño ni los implicados.
Pues bien, ante una falta total de claridad, desconfianza total. Los acreedores se retiraron totalmente y nadie confiaba en nadie, ya que cualquiera podía tener este tipo de inversiones y estar a un paso de la quiebra. Nadie prestaba.
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